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La Oración Interna

¡Cúrate a ti mismo a través de la oración! La mejor ayuda para tu salud, que es la fuerza vital, son sensaciones y pensamientos positivos y nobles. Cuanto más noble y pura sea tu forma de pensar, más fuerzas de salud y de vida despiertas en ti.
Cristo, el destello de la vida en ti, es la fuerza de la salud y de la vida de tu alma y también de tu cuerpo. Si abres la puerta interna al Reino de Dios con la fuerza redentora de Cristo, afirmando la salud, sí, las fuerzas que proporcionan curación, entonces también recibirás. ¡Cúrate a ti mismo a través de la oración!
¡Deja que cada sensación, cada pensamiento y también cada palabra se conviertan en oración! Entonces se abre la puerta de la vida y estarás lleno de fuerza, sabiduría, amor y salud.
Está escrito: “¡Pide, y te será dado! Pero esta plegaria no debería ser sólo la expresión de una afirmación externa, una llamada o una oración de labios. Esta plegaria debería nacer del cumplimiento de las Leyes Sagradas, de la afirmación de la fuerza interna a través de sensaciones, pensamientos y deseos nobles.
La energía vital eterna fluye sin cesar del origen del manantial. Si la acogemos conscientemente por el cumplimiento de las leyes, entonces recibimos esta fuerza de salud y vida a través del núcleo de ser de nuestra alma. Podemos multiplicar el caudal de esta fuerza de salud y de vida si afirmamos estas fuerzas de la vida y las cumplimos diariamente, ya que son las leyes de la vida. Si llamamos a la puerta de la vida eterna, elevando nuestro corazón hacia Dios, entonces ésta se abrirá y nos será dado. La oración interna al Médico y Sanador interno exige una fe firma y una confianza profunda en Aquel que lo puede conseguir todo, que lo es todo. Llegar a estar sano significa: Curarse a través de la fuerza del Médico y Sanador interno.
El Espíritu de Dios no conoce la enfermedad. Según nuestro origen somos seres puros que llevamos en nosotros todas las fuerzas de la salud. Como seres de luz no enfermamos. Enfermamos por nuestra forma de pensar, sentir y querer incorrecta, por faltas en contra de la Ley. Sin embargo, a través de Cristo nos es dado invocar las fuerzas internas, activarlas y también conducirlas a los órganos enfermos o débiles, pues, según nuestro origen, somos hijos de Dios.
Como somos hijos de la Vida eterna, hijos e hijas de Dios, también nos es dado conducir las fuerzas de la salud y de la vida a cada órgano, a cada músculo y a todo nuestro organismo a través de la oración verdadera y de la invocación de los órganos.
Cada uno de nosotros puede hablar con sus células y órganos, ya que en cada célula se encuentra la fuerza espiritual. Cuanto más intensamente afirmemos esta fuerza interna a través de una fe firme y una confianza absoluta, a través de pensamientos positivos, sensaciones nobles y el cumplimiento de las Leyes Sagradas, más recibiremos.
Gracias a la oración interna consciente y a las sensaciones y pensamientos positivos, se produce un despertar de nuestras células y órganos, de todo nuestro organismo. Si afirmamos sin cesar las fuerzas internas, las fuerzas de la salud y de la vida con nuestra consciencia desarrollada, es decir, afirmándolas totalmente, entonces, el Médico y Sanador interno, el Espíritu de Cristo actúa más intensamente.
La fuerza eterna, Cristo está esperando a que estemos dispuestos a abrir con Él la puerta interna a través de la fuerza de la oración verdadera, de la voluntad justa, para así entregarnos al fluido del potencial divino eterno.
Somos células en el cuerpo de Cristo. Nuestras células del cuerpo sólo están enfermas poque las hemos debilitado a causa de una forma incorrecta de pensar, sentir y querer, y así permitimos la entrada en nosotros de determinadas enfermedades. Si enviamos pensamientos positivos, sanos, luminosos a nuestras células, a nuestros órganos, tejidos y músculos, a las hormonas y glándulas, entonces según nuestra entrega recibiremos también del manantial eterno de la vida.
Si enfermamos, entonces siempre nos es posible curarnos en el momento en que sea bueno para nuestra alma. Si abrimos con Cristo la puerta interna de la vida a través de una vida positiva en la ley de Dios, entonces recibiremos, pues el Médico y Sanador interno vive en nosotros. Él espera nuestra llamada, nuestra entrega, la realización y el cumplimiento de las leyes, pues entonces se abre la puerta, y la vida traspasa como corriente a nuestro cuerpo, trayéndonos alivio y curación. El amor de Dios a Sus hijos es imperecedero. No es Él, el Amor todopoderoso, el que nos manda los sufrimientos y la miseria. Estos se basan únicamente en la ley de causa y efecto, en la ley de la justicia que actúa en todo, que es universalmente válida. En esta o en una vida anterior creamos causas, pecamos contra la Ley.
Lo que hemos causado lo tenemos que soportar y cargar, para que pueda volver a ser recorrido el camino de regreso al origen eterno lleno de luz, al Hogar eterno.

EDITORIAL GABRIELE
Español
Ref. B307es
ISBN 978-3-89201-893-3
e-book
2,99€

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